martes, septiembre 18

FRAGMENTO - MAYO 2006

Afuera podría ser el fin del mundo. Las persianas bajas, se suponen detrás de las cortinas cerradas. Nada sale ni entra del diminuto cuarto, excepto los deformados sonidos de la calle, que bien podrían ser el viento y los autos lejanos, o los cometas zumbando alrededor, mientras este cubo viaja por el espacio... Pero los cometas no zumban en el espacio, el espacio es silencioso, entonces seguimos en la tierra, como cuando entré a este cuarto. Estoy sola y espero, quizás porque el lugar parece un consultorio, pero no lo es, y en realidad yo no tengo nada más que esperar que el sueño. Despliego el sofá cama y me acuesto. El mundo se ve diferente desde adentro de una cama. A cada uno de mis imperceptibles movimientos o tensiones y distensiones musculares, la cama cruje infernalmente y su chirrido hace eco en las paredes, rompiendo el incómodo silencio de las cuatro de la madrugada. Y espero. Y pienso. Y me siento muy cómoda con mi incomodidad, y me alegro y eso me hace sonreir, entonces fugazmente pienso en prenderme un cigarrillo, pero recuerdo que no fumo y fumar se me hace muy desagradable, entonces me entristezco de haber tenido ese impulso. Luego, recuerdo que en algún tiempo fumar me dio muchos momentos agradables y me reconcilio conmigo misma.